
Ahora si estamos ad portas de la llegada del mejor sistema operativo de la historia, llegó el momento en que se nos develará una maravilla tecnológica, pero créanme que yo desde Windows 95 que escucho lo mismo y hasta ahora ninguna de sus estudiadas promesas me parece ciertas.
Producto de la renovación de mi portátil, procedí a registrarlo en la Web del fabricante por temas de garantía y me encuentro con el enlace a actualización a Windows 7 gratis y por cierto esta última palabra me picó el bichito e hice clic en el enlace, luego reviso los modelos para ver si el mío estaba, y sí, cumplo con el primer requisito.
Tras llenar algunos datos, llegó al punto de poner mi dirección para el envío de los discos y me aparece que el costo de envío del disco es de 36 dólares americanos.
Y en ese momento desperté del embobamiento que la palabra gratis provoca, y caí en cuenta que hace años con el sistema operativo que uso no es necesario tan siquiera comprar un disco, ya que la actualización es constante y el cambio de una versión a otra se hace de forma automática y casi transparente.
Me di cuenta también de que, existen empresas, mucho más pequeñas que Microsoft que si tu les solicitas te envían varias copias originales de su sistema operativo de manera gratuita y que esas mismas copias puedes copiarlas a su vez tantas veces como quieras y regalarlas e incluso venderlas si así te parece.
Recordé a la enorme cantidad de voluntarios desde programadores, hasta el último usuario que colaboran anónimamente y por el sólo afán de hacer algo que sirva a todos.
Vi que con el sistema operativo que uso, tengo a mi alcance miles de aplicaciones de manera gratuita, pero lo que es mas importante estas aplicaciones son libres, puedo modificarlas a mi antojo (si tengo los conocimientos adecuados), sin que se me trate como un delincuente por ello.
Así que finalmente cerré la página de la tentación y seguí con mi Linux de toda la vida.
Producto de la renovación de mi portátil, procedí a registrarlo en la Web del fabricante por temas de garantía y me encuentro con el enlace a actualización a Windows 7 gratis y por cierto esta última palabra me picó el bichito e hice clic en el enlace, luego reviso los modelos para ver si el mío estaba, y sí, cumplo con el primer requisito.
Tras llenar algunos datos, llegó al punto de poner mi dirección para el envío de los discos y me aparece que el costo de envío del disco es de 36 dólares americanos.
Y en ese momento desperté del embobamiento que la palabra gratis provoca, y caí en cuenta que hace años con el sistema operativo que uso no es necesario tan siquiera comprar un disco, ya que la actualización es constante y el cambio de una versión a otra se hace de forma automática y casi transparente.
Me di cuenta también de que, existen empresas, mucho más pequeñas que Microsoft que si tu les solicitas te envían varias copias originales de su sistema operativo de manera gratuita y que esas mismas copias puedes copiarlas a su vez tantas veces como quieras y regalarlas e incluso venderlas si así te parece.
Recordé a la enorme cantidad de voluntarios desde programadores, hasta el último usuario que colaboran anónimamente y por el sólo afán de hacer algo que sirva a todos.
Vi que con el sistema operativo que uso, tengo a mi alcance miles de aplicaciones de manera gratuita, pero lo que es mas importante estas aplicaciones son libres, puedo modificarlas a mi antojo (si tengo los conocimientos adecuados), sin que se me trate como un delincuente por ello.
Así que finalmente cerré la página de la tentación y seguí con mi Linux de toda la vida.



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